Me gustaría ser capaz de evitarlo, pero no puedo. Mis ojos se niegan a cerrarse y mi mente cabalga por tu recuerdo. No consigo dejar de pensar en esa preciosa sonrisa, ni esos ojos cargados de emociones que me cuesta descifrar. Pero me encanta intentarlo.
Y recuerdo los momentos buenos, los del principio. En los que no había preocupación. Ni rabia. Ni rencor. En los que tu olor estaba solo en ti y no en cada uno de los rincones que mi mente enfermiza recorre.
Dije que no me volvería a enamorar...
Pero aquí estoy. A las 2 y media de la mañana. Escribiendo estupideces, en un trozo de servilleta.
