Es duro quitarse la venda de los ojos y ver la puta realidad. Ver que todo lo que has defendido, todo lo que creías que merecía la pena se desvanece, o quizá simplemente nunca ha existido. Es duro darse cuenta que todos los valores, siempre positivos, que atribuías a una persona no eran más que pura fachada o pura imaginación de una misma.
Es duro arrepentirse de tanto...
Pero lo más duro de todo es llegar a sentir asco por quien un día fuiste capaz de dar todo.
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